Franz Hohler en el Colegio Alemán de Quito del 31 de enero al 4 de febrero 2005

Quién no recuerda con agrado el gusano, el Hecho en Hong Kong o el escarabajo que es responsable por el estropicio mundial? Era Franz Hohler, el artista suizo conocido a nivel mundial, que nos animó a nosotros y a nuestra fantasía el 1 de febrero con una obra  extraordinaria.


Conocido a través de muchos espectáculos de televisión, radio y sobre todo a través de sus libros para niños, Hohler entusiasma desde hace más de 30 años a su mayoritario público suizo. Gracias a la iniciativa del Embajador suizo, señor Reich tuvimos la oportunidad en el Colegio Alemán de experimentar este polifacético artista.


Las historias de Hohler tienen lugar a menudo en el país alpino, pero sus temas son universales y el realiza un brillante juego con el idioma alemán. Entonces tanto suizos como alemanes y austríacos en conjunto escucharon asombrados sus cuentos a veces graciosos, a veces grotescos, rieron con sus textos de fondo y se quedaron atónitos al escuchar su lírica crítica y a veces triste. Serán inolvidables también sus tonos bajos, cuando interpretó textos y canciones con el cello.


Pero Franz Hohler tiene también otro lado, uno pedagógico. Durante sus creativos paseos matinales en el patio de nuestro colegio el pudo encender en nuestros alumnos de Primaria y Secundaria el fuego de la poesía. Como muestra les presentamos la historia del pingüino, nacido de un par de ocurrencias introducidas de los I y II Cursos (clases 7 y 8) con un argumento entretejido por Franz Hohler.

 

El pingüino en el colegio
Había una vez un pingüino, que buscaba un helado. Fue a la heladería pero estaba cerrada. Entonces encontró una jirafa con una peluca, que con su larga lengua  lamía un helado.
Cuando el pingüino le preguntó donde lo había conseguido, la jirafa le recomendó el Colegio Alemán.


Como ella quería también otro helado, lo acompañó hasta allá. Pero el señor MELO no le permitió entrar porque no llevaba puesto el uniforme.
Entonces ambas secuestraron a los alumnos más grande y más pequeño, se pusieron sus uniformes verdes y fueron a la cafetería, pero ahí los helados ya se habían terminado. El pingüino tenía tanto calor que se sentó en el congelador vacío y así nació el helado PINGÜINO.
La jirafa fue la primera en probarlo.